8.

Estuve dándole vueltas
todo el día,
mejor dicho,
dándote vueltas.

Y aunque antes
siempre acababa mareada,
te prometo
que esta vez
conseguí
mantenerme de pie.

Hasta que el sol
decidió esconderse
y la luna 
lo relevó,
en una lucha
tan dura como justa.

De noche 
todos los gatos
son pardos,
y todas las gatas
asesinas,
eso dicen;
cuidado
por donde pisas.

Eso fue 
lo que pasó anoche;
no caí
que tú tenías sed
y yo 
podía permitirme 
el lujo 
de darte de beber.

I

De alguna forma,
acabé rozando el límite,
jugando con él,
acercándome 
sin pisarlo,
sin cruzarlo,
pero con unas ganas
tremendas,
de sentir
lo que había
al otro lado.

Me empujaste,
y caí
en un vaivén
de querer
y poder.

II

Podía
y quería más.

Te llevé 
a la ducha,
y bajo el agua,
sin perder 
demasiado el tiempo
gané
lo que llevaba 
tiempo
persiguiendo.

Tu cuerpo.

III 

Me gustaba
cómo me sentía,
te sentía:
nos sentíamos.

Mi cuerpo temblaba
y quería contártelo;
cariño
tengo el corazón 
en llamas,
y no llevo intención
de apagarlo,
en la punta de mi lengua
escondí
un mientras tanto.

Tú seguías,
y yo también.
Tres no eran 
suficientes. 

Qué le voy a hacer.

IV

Pensé en bajar
las escaleras
contigo en brazos,
pero
en el segundo escalón
me perdí en los tuyos
y me dejé llevar
por lo que prometían
tus susurros.

Me gustaba
verme gotear,
sobre 
tu vientre,
vaciándome 
mientras tu mirada
me pedía más.

V


No podía parar,
y tú
no querías 
que lo hiciera.
Seguías jugando
con mi fuego,
todavía
en las escaleras.

No me mires así,
te decía.
Y el brillo
de tus ojos
ascendía.
Me encendías.

Tu lengua fue la culpable
de los cinco derrapes
que llevaba
en tu autopista.

VI


Siempre sabes dónde
cómo 
y cuánto.

Y tus órdenes
son suficiente motivo
para
responder
a un sexto asalto.

Córrete para mi,
dijiste.

Ahora.

VII

Apenas podía hablar,
solo conseguía temblar
al mismo ritmo
que tú latías.

Toda tú,
quiero decir.

Levanté la mirada,
y solo conseguí
adivinar
tu sonrisa de medio lado,
diciéndome;
quiero más.

Así que me dejé
hacer
te dejé 
hacer,
y nos deshicimos
una vez más
casi sin querer.

VIII

Me quedaba todavía
una deuda
con tu mirada.

Y no pensaba
bajar el telón
sin pagarla.

Me clavaste
tus ganas;
y no pude evitar
correrme
con hechos
para ahora
poder contártelo
con palabras.

¿Dónde
el límite?
¿Dónde
el infinito?
Quizá,
solo quizá
contigo
son el mismo.



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Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.