Estuve dándole vueltas
todo el día,
mejor dicho,
dándote vueltas.
Y aunque antes
siempre acababa mareada,
te prometo
que esta vez
conseguí
mantenerme de pie.
Hasta que el sol
decidió esconderse
y la luna
lo relevó,
en una lucha
tan dura como justa.
De noche
todos los gatos
son pardos,
y todas las gatas
asesinas,
eso dicen;
cuidado
por donde pisas.
Eso fue
lo que pasó anoche;
no caí
que tú tenías sed
y yo
podía permitirme
el lujo
de darte de beber.
I
De alguna forma,
acabé rozando el límite,
jugando con él,
acercándome
sin pisarlo,
sin cruzarlo,
pero con unas ganas
tremendas,
de sentir
lo que había
al otro lado.
Me empujaste,
y caí
en un vaivén
de querer
y poder.
II
Podía
y quería más.
Te llevé
a la ducha,
y bajo el agua,
sin perder
demasiado el tiempo
gané
lo que llevaba
tiempo
persiguiendo.
Tu cuerpo.
III
Me gustaba
cómo me sentía,
te sentía:
nos sentíamos.
Mi cuerpo temblaba
y quería contártelo;
cariño
tengo el corazón
en llamas,
y no llevo intención
de apagarlo,
en la punta de mi lengua
escondí
un mientras tanto.
Tú seguías,
y yo también.
Tres no eran
suficientes.
Qué le voy a hacer.
IV
Pensé en bajar
las escaleras
contigo en brazos,
pero
en el segundo escalón
me perdí en los tuyos
y me dejé llevar
por lo que prometían
tus susurros.
Me gustaba
verme gotear,
sobre
tu vientre,
vaciándome
mientras tu mirada
me pedía más.
V
No podía parar,
y tú
no querías
que lo hiciera.
Seguías jugando
con mi fuego,
todavía
en las escaleras.
No me mires así,
te decía.
Y el brillo
de tus ojos
ascendía.
Me encendías.
Tu lengua fue la culpable
de los cinco derrapes
que llevaba
en tu autopista.
VI
Siempre sabes dónde
cómo
y cuánto.
Y tus órdenes
son suficiente motivo
para
responder
a un sexto asalto.
Córrete para mi,
dijiste.
Ahora.
VII
Apenas podía hablar,
solo conseguía temblar
al mismo ritmo
que tú latías.
Toda tú,
quiero decir.
Levanté la mirada,
y solo conseguí
adivinar
tu sonrisa de medio lado,
diciéndome;
quiero más.
Así que me dejé
hacer
te dejé
hacer,
y nos deshicimos
una vez más
casi sin querer.
VIII
Me quedaba todavía
una deuda
con tu mirada.
Y no pensaba
bajar el telón
sin pagarla.
Me clavaste
tus ganas;
y no pude evitar
correrme
con hechos
para ahora
poder contártelo
con palabras.
¿Dónde
el límite?
¿Dónde
el infinito?
Quizá,
solo quizá
contigo
son el mismo.
¶ 8.
4 sept 2013
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Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.