Cuando todas las contraseñas son su nombre, y te preguntas por qué entre tanto humo solo huele a ella. Por qué el tabaco ya no sabe sucio... quizá porque sabe a lo que sabían sus labios; a noches por terminar, a incertidumbre, a 'date prisa que esto no está bien'.
Y en medio de ese frío, sus manos.. rozándote, convirtiéndote en primavera.