Ya no.

Sé que aún te giras;
aún buscas en mis huellas
tus iniciales,
porque nadie nunca
te llamó
de una forma diferente
a tu propio nombre.

Excepto yo.

Te convertí en poesía.
Convertí
tus rasguños
en algo que por fin,
no dolía.

O eso creías.

Veías 'lindas'
mis rimas,
mis heridas.

Era mi forma de lamerme
el corazón
sin tu saliva;
de cicatrizar
tus mentiras
con las mías.

Y sé
que lo que más te duele
es que la sombra de mis letras
ya no lleva tu silueta.



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Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.