Siempre pensé que los para siempre los inventó el director de la película más cursidramática del mundo. Pero joder, yo he visto en el horizonte tu sonrisa en tantas ciudades que me niego a pensar que es un papel que estudia un actor que no lo siente de verdad.
Estoy a tantas canciones de ti.
Y aún así, si las bailo te encuentro, y bailamos sin pisarnos, como hicimos antaño. Siento que todavía soy capaz de seguir tu compás y me da miedo perder la práctica y tropezar si algún día, de algún mes, de algún año, me concedes el baile.
He bailado en otra boca desde que te fuiste, y sabe triste. Como cuando en modo aleatorio pasan de la clásica al jazz, sirve para evitar el silencio, pero no para que el ruido sea música.
Perdóname si mezclo tierra y agua. Sólo son ojos. Y aunque no lo creas, los dos ahogan. Unos arenas movedizas, los otros tempestades.
Qué hago
ahora que los dedos no me acarician el alma,
sino hurgan en la herida.
Qué hago
cuando perdida miro la brújula
y da vueltas pero no me indica.
Qué hago
aquí sentada en lugar
de ir a buscarte.
Qué hago
si tú tampoco das media vuelta
y te pones frente a mi
para decirme: puedo perderlo todo,
pero sin tí seguro que me quedo sin nada.
Qué hago
con la noria en la que me subí.
No lleva intención de parar
y espero
que no me toque reaccionar
y tirarme
para salvarme.