Bronce.

Antes,
en otros tiempos,
prefería el oro.

Era la única medalla,
que parecía tener
algún valor.

Creíamos -todos-
que las demás no servían,
que la plata hería el orgullo
y el bronce
era un mero premio 
de consolación.

Fue entonces,
cuando me crucé contigo.
Y descubrí algo desconocido.

Me habían advertido;
ves con cuidado,
que los corazones no son inmunes
a casi nada.
Y lo que parece una caricia,
acaba convirtiéndose
en bala.

Joder,
fue levantar la vista
al horizonte,
y chocarme casi queriendo
con tus ojitos de bronce.

¿Quién quiere ahora oro,
plata,
medallas?

Desde luego,
por mi,
podéis quedároslas.

Prefiero que penséis 
todos,
que lo que realmente vale
es el oro.

Pero el bronce..
solo yo lo valoro en sus ojos.



Leave a Reply

Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.