Tu inocencia,
tan real,
como el dios al que rezan
en las iglesias.

Como las tardes,
convertidas en un amanecer
que no ladra
por tu ausencia.

Inocente.
Tú.
No caben
en la misma frase
las dos palabras,
a menos que juguemos
a buscar antónimos
y encontrar ganas.



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Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.