Luego vinieron los yo nunca, los no, que va, las excusas a medias que terminaban en mentiras enteras. Me tragaba los te lo dije, porque realmente me lo dijo, y yo, me convencí de que no tendría razón por una vez.
Pero lo cierto es que sí, me lo había dicho y advertido cientos de veces, que todas las rosas tienen espinas, y las cojas por donde las cojas, siempre te clavarás alguna. No todas las canciones de amor cuentan mentiras, ni todos los poemas verdades, por eso bajé la cabeza cuando tus advertencias se hicieron nítidas ante mis ojos, y me demostraron que lo borroso se aclara con lágrimas.