Siempre acabo atragantándome con las soledades. En un último intento por sobrevivir, me dejan claro que son ellas las que mandan. Yo bajo la cabeza y el telón, y acaba la función que quise escribir pero no me atreví.

Hasta yo soy cobarde a veces. Como abrir y cerrar los ojos ante un intermitente y verlo siempre apagado. Cara o cruz y vaciar el cielo en el instante de caer. Suelo esperar para romperme a ver tus manos debajo, para no perderme sin más ni parecer un montón de escombros otra vez. Con tu roce me restauro, resucito; incluso me rompería a propósito para sentir con más fuerza a qué saben los pedacitos reales de vida.



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Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.