Antes.

Antes de contarte que se hacía tarde, de que en mis ojos ya no quedaban oportunidades ni en los tuyos ganas... antes de empaquetar los recuerdos y dejarlos en la puerta de tu casa, te hice creer que todo iba bien, que llevaba las manos en los bolsillos porque tenía frío. Mi reloj se había parado, y tú intentabas retrasar lo inevitable. Yo sonreía por fuera, y llevaba la cabeza todo lo alta que podía con mis 166 centímetros.

Te acaricié sin moverme, y lloré sin parpadear. No iba a dejarte ver cómo me hacía pedacitos, iba a necesitarme entera a mi misma.



Leave a Reply

Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.