Lo que acabó pasando, 
después de huir de tus días malos,
de tus prisas de los sábados,
de tus risas
en mis labios,
fue
que todos los taxis
me recuerdan a ti.

Y todas las lágrimas
a los cielos que tú
pintabas de gris.

Lo que acabó pasando
fue lo que no queríamos
que pasara;
acabé diciéndote 
que nunca estaba,
porque no tenía ganas
ni de verte la cara.

Pasó que los días
no tenían tus motivos,
las razones 
iban en tu contra
y no me apetecía
convencerlas
de lo contrario.

Lo que acabó pasando
fue que me perdiste
y nos perdimos
en un
mientras tanto.



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Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.