Contigo descubrí
que el mundo
puede reducirse
a una sonrisa,
un gesto;
valieron la pena
todos mis fallos
por un acierto.
Uno más uno,
no son dos,
sino nosotras.
Ya sabes
que si tu me dices ven,
no es que lo deje,
es que todo
desaparece.
No sé por qué
mi cama es más grande
desde que te imagino
sobre ella,
abrazando la almohada,
gruñéndome
para que deje de escribir
y te abrace por la espalda.
¿Me lo explicas tú?
¿Me lo explicas tú?