Te dije que me iba, porque no soportaba la idea de que sabiendo que me quedaba contigo, no me buscaras. Te lo repetí tantas veces para autoconvencerme de mi huida, y aún hoy no me la creo.
Preferí esconderme detrás de tus días malos antes que alejarme. Podría haber elegido otros caminos, pero no veía tu sombra ni tropezaba con tu sonrisa, y sin esos requisitos no tenía motivos para dar un solo paso, además estoy convencida de que mis piernas no hubieran obedecido.
Me encontré con todos tus fantasmas durante tanto tiempo, que empecé a creer que el siempre que tú me habías negado tantas veces existía, y simplemente no habías querido dármelo. Me negaste casi todo aún sin haberte pedido nada.
Hoy, después de años, me pregunto por qué, y no quiero respuestas. Solo quería sacudirme tus migajas, porque me he dado cuenta, de que nunca las necesité.