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Te recuerdo 
como una criatura malherida, 
que hubiera sido 
más feliz 
sin saber que las alas 
existían. 

Cada día
con el sol
despertaban tus dudas;
tus búsquedas
de cicatrices en tus escápulas
pensando que de una herida
podrían nacer
dos alas.

Estabas
por domesticar.
No encajabas
en el molde
que alguien dijo
llevaba tu nombre.

A veces
arañabas mis paredes
cómo si tu parte animal
quisiera realmente
convertirte en uno de ellos.

Me quedé sin superficie
para tanta huída.
Jugar al escondite contigo
se convirtió en todo
menos en juego.

Y después
de tanto tiempo
la que decidió
esconderse
-y con ello, salvarse-
fui yo.



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Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.