Llevo más de media tarde
oyendo a Hasél.

Quizá por eso
este poema
va a ser algo más triste
de lo que me gustaría.

Igual, 
solo estoy justificando
mi tristeza de hoy
con una mentira
lo suficientemente piadosa
para no sentirme
mal.

Nunca he tenido
demasiado miedo a la muerte,
ni a la vida.

Creo 
que por eso,
voy llena de cicatrices;
por ir a lo loco,
sin cuidado,
corriendo 
de un lado a otro
en busca de un abrazo.

No me gusta
reconocer que mi fondo
acumula
más derrotas 
que victorias.

Pero sí he de admitir,
que las derrotas
no me hicieron
ni la mitad de daño,
de lo que me curó
mi único triunfo.

Y en este mundo
lleno de mediocridad
y podredumbre
tenerte
es un jodido privilegio.
Una puta bendición.

Y lo digo 
con tacos
para intentar transmitir
la fuerza que me das
cuando me nombras,
cuando escucho tu voz,
y se rinde
mi corazón.

Que sí,
que penas,
tenemos todos,
que podría rimarlas
para que viérais
que yo
soy una más,
como vosotros.

Pero prefiero,
si se me permite,
fardar de aquel penalti
que no fallé,
de aquella vez
que con un par de razones,
me planté frente a ti
y aun temblando
me quedé.

Porque hubo una vez
que no perdí,
y además,
gané.



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Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.