No es tu enfado

el que gotea
de mis ojos.

Es mi vergüenza
y tu dolor;
mi rabia 
y tu miedo.

No quería.

Aunque 
de poco o nada
sirve ahora
que te lo diga.

Me acorrala
una sensación extraña,
algo así
como una reprimenda
de mis propias entrañas.

Por no prestar atención,
por no saber
ser mejor,
por no mirar
al pisar
y acabar metiendo la pata
en la mina
de tus pupilas.

Sé 
que tengo mil manías,
y esta
es una más;
rebozarme en el barro
cuando caigo,
el tiempo suficiente
para no amarlo
y al mismo tiempo
conocer mejor
por dónde ando.

Algunos dicen
que esto
es autolesión.

Y una mierda.
Esto
es crecer,
aprender.

Y ten por seguro,
caeré otra vez.

Pero aquí, no.



Leave a Reply

Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.