Entre mi octubre y tu enero
nació algo
que no era invierno.

No lo sentía frío
ni nevado,
ni todas esas cosas
que pintan 
en los cuadros
en esas estaciones
del año.

Era una primavera 
anticipada.
Florecían tus ganas
bajo mis sábanas.

Se asomaba tu mirada
tímida
en mis sueños
queriendo firmar
un acuerdo
con algo más
de derecho
que un alquiler.

Yo no lo veía
no lo quería
ver.

Pero echaba de menos
tus maneras,
tus formas.
Y aún 
no las había
echado de más;
aunque poco
importa.

Tú sabías 
que yo escribía,
que me ahogaba
en letras
e intentaba
darles la vida
que yo no tenía.

Lo que no sé
es si alguna vez,
creíste poder ser
esa vida
que se me escurría
con cada falta
de ortografía.

Ya ves,
año y medio después
me sobra todo,
excepto mis letras
y quien las ordena;
tú.



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Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.