Mientras todo seguía igual, yo cambié. ¿O fue al revés?, da igual, de todos modos no sé que es lo mejor. Seguía partiéndome la cara por ti en mis peores pesadillas, y cuando me despertaba me revolvía pensando que ojalá hubiera sido verdad. La rabia contenida en mi sangre no deja espacio al oxígeno, y esto hará que pierda el color rojo que debería tener. Una vez estudié algo así; es el oxígeno que transportan los glóbulos rojos el que da color a la sangre.

No he mirado de qué color la tengo yo por miedo a comprobar que tengo menos oxígeno que cualquier otra cosa en las venas y empiezo a perder intensidad. Si algún día, partiéndome la cara por ti otra vez, me la parten a mi, echaré un vistazo, pero por lo pronto, solo me queda la fe y la asfixia de un cuerpo que a veces no me soporta.



Leave a Reply

Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.