A-mar.

No sé qué era más profundo, 
si tus huellas en la arena, 
o mis ganas. 

Me mirabas provocando 
todas esas cosas 
que dicen que existen 
pero nadie encuentra, 
y yo 
te tenía a menos 
de diez centímetros. 

Me acerqué un poco 
para que fueran siete; 
ya sabes que es 
nuestro número de la suerte. 

Veía en tus pupilas 
mi salvavidas,
aunque no me importaba
tragar un poco de agua
si se trataba 
de secar tus lágrimas.

Quizá el tiempo
solo sea una broma
de mal gusto,
de un dios 
tan aburrido
como injusto,
que una vez
se dejó los deberes por hacer.

Veía entrar
el otoño por mi balcón,
y salía de puntillas
cada vez
que hacíamos el amor;
las hojas de 
los árboles
caían a tus pies
chivándome:
arrodíllate,
mánchate las rodillas,
haz que su felicidad
se refugie 
en tus propias pupilas.

Y por la ventana
escaparon mis credos,
creé nuevos insomnios
para mis desvelos.

Avísame 
cuando octubre cierre los ojos
y borre todas las huellas
que dejé sin querer
escapando de mi misma
más de una vez.

Que si no es a tu lado
no quiero volver a verme.

Te espero donde siempre.



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Celia Munera Pérez ©. Con la tecnología de Blogger.