No sé qué era más profundo,
si tus huellas en la arena,
o mis ganas.
Me mirabas provocando
todas esas cosas
que dicen que existen
pero nadie encuentra,
y yo
te tenía a menos
de diez centímetros.
Me acerqué un poco
para que fueran siete;
ya sabes que es
nuestro número de la suerte.
Veía en tus pupilas
mi salvavidas,
aunque no me importaba
tragar un poco de agua
si se trataba
de secar tus lágrimas.
Quizá el tiempo
solo sea una broma
de mal gusto,
de un dios
tan aburrido
como injusto,
que una vez
se dejó los deberes por hacer.
Veía entrar
el otoño por mi balcón,
y salía de puntillas
cada vez
que hacíamos el amor;
las hojas de
los árboles
caían a tus pies
chivándome:
arrodíllate,
mánchate las rodillas,
haz que su felicidad
se refugie
en tus propias pupilas.
Y por la ventana
escaparon mis credos,
creé nuevos insomnios
para mis desvelos.
Avísame
cuando octubre cierre los ojos
y borre todas las huellas
que dejé sin querer
escapando de mi misma
más de una vez.
Que si no es a tu lado
no quiero volver a verme.
Te espero donde siempre.
que una vez
se dejó los deberes por hacer.
Veía entrar
el otoño por mi balcón,
y salía de puntillas
cada vez
que hacíamos el amor;
las hojas de
los árboles
caían a tus pies
chivándome:
arrodíllate,
mánchate las rodillas,
haz que su felicidad
se refugie
en tus propias pupilas.
Y por la ventana
escaparon mis credos,
creé nuevos insomnios
para mis desvelos.
Avísame
cuando octubre cierre los ojos
y borre todas las huellas
que dejé sin querer
escapando de mi misma
más de una vez.
Que si no es a tu lado
no quiero volver a verme.
Te espero donde siempre.